En una primera consulta, para realizar un diagnóstico, el acupuntor tiene una conversación con el paciente en torno a su estado de salud general, no solo le pregunta sobre la enfermedad concreta por la que acude a la consulta, sino que se interesa por su estado emocional. Además, le toma los pulsos en las muñecas y le revisa el color de la lengua.

En acupuntura, la inserción, y rotación (para tonificar o dispersar la energía), de las agujas produce una sensación de un ligero pellizco u hormigueo, no realmente dolor. La profundidad a la que se clavan las agujas suele estar entre 1 y 2 centímetros.

En esta terapia también se suelen utilizar moxas, elementos, por lo general, con forma similar a la de un puro y elaborados habitualmente con artemisa. Las moxas se queman y se acercan a los puntos escogidos, proporcionando calor para estimular la energía. También se pueden aplicar en esos puntos ventosas, una especie de tazas de vidrio redondas que succionan el aire de forma manual o al introducir una llama. Se emplean en puntos donde existe estancamiento de sangre, energía o fluidos. Hay acupuntores que colocan cuentas, semillas o agujas diminutas con un adhesivo en un punto, muchas veces en las orejas, para mantener la presión durante unos días y lograr el beneficio terapéutico deseado.

 

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